jueves, 4 de abril de 2013

Cuenta.

Uno, dos, tres...
Sálvame. Te juro que todo lo que tengo es tuyo.
Cuatro, cinco, seis...
Húyeme. Para sacarte de fuera, llevarte dentro.
Siete, ocho, nueve...
Víveme. Son tuyos los ticks y los tacks de mi corazón.
Diez.
Y... ¿Qué iba después del diez? (Después el silencio.)
Y esa relación, entre frío y silencio, todo tan inmenso, tú ahí, en una esquina... mírame, yo en el medio.
Hay un vacío que nos supera, es como una presión en el pecho, algo que te aprieta, y dicen que si respiras por la boca, notas por tus labios mi aliento.
Yo nunca lo he hecho. Yo no suspiro, no aspiro ni respiro, no floto, porque no caigo, y tampoco vuelo.
No hay alas. Las había. 'Alas de ángel', pensaba, pero, ¡y una mierda! Eran de cuervo.
Era el vértigo de coger cada curva de tu cuerpo. Si vas a ciento veinte, la cintura de setenta te sorprende de repente.
Frenazo en seco, en sexo. En tu ombligo, curva y rasante si no hay hueco.
Mira, te llama esa clavícula. Te invita a un bocado, pero de tacto, tú decides con qué darlo.
Once, doce, trece...
Dejaremos de contar cuando se apaguen las estrellas.

miércoles, 3 de abril de 2013

Dudas de dudas.

No entiendo por qué dejas que el aire salga tan fuerte de tu boca. Piensa joder, igual es tu último suspiro, ¿no? Psique, igual te ahogas.
Dudas hasta de tus dudas, de mis dudas. Y por dudar, arriesgas, y pierdes. Pierdes aunque ganes, porque el tiempo se pierde, y el tiempo de dudas no es nada, sólo eso.
No voy a buscarte si te pierdes. No quiero encontrarte, la verdad. Existen mil mapas, mil destinos, mil ciudades y mil rincones. No eres París, no te robaré.
No eres la luna, "qué alta, joder", ni eres el sol. No quemas.

No serás tú.

Hoy te veo con otro color, pero tal vez sea sólo porque te miro con otros ojos.
No es más bonito, ni más feo... es simplemente, algo diferente.
Te has chocado con algo, eh, lo sé. Éste no es tu sitio. No están tus pies en las coordenadas adecuadas. No deberían tocas esas manos tu pelo. No beses, no puedes, no pertenece tu boca a esos labios.
Ya tienen dueña, ya son de otra.
Vete... hazlo. Sabes que tienes que hacerlo. ¿Pero por qué insistes? 
Soy cristal roto. Y el cristal, una vez roto, aunque sea en piezas muy grandes, jamás vuelve a encajar a la perfección. Siempre habrá pequeños cachos, casi invisibles, perdidos, que harán que no encaje a la perfección. Y ya sabes qué pasa con el cristal roto. Corta, todo corta. Hasta el alma, hasta un suspiro. Hasta tus labios, lo saben las cicatrices de mi boca.
Soy cristal. Y tú, chica, eres el grito que lo rompió.
No has tenido tanta suerte.
Otra llegó antes. Y sí, pensarás que siempre fuiste tú, tú primero. Pero no... antes de tus labios fueron otros. Antes, las sábanas taparon a otra. (No eran sábanas en realidad, pero acarician igual) Antes de venir, ya había alguien.
Son esperas que desesperan. Y el tren no siempre es el primero que pasa, aunque llegues a la estación antes que nadie. En el andén no sólo llegan trenes que vienen desde tu casa.

Algo que me recuerda a ti.

Hay una canción que siempre me recuerda a ti.
Pero no la recuerdo. Porque no tiene letra, ni melodía. Nadie la canta. No tiene instrumentos, ni acordes. No es aguda, ni grave. No sé tan siquiera si es una canción.
Sólo sé que sí, que me recuerda a ti.
¿No serás tú, tal vez... esa canción? 
Tal vez seas tú esa letra, esa melodía. Igual tú la cantas. O eres el piano, o la guitarra, o los acordes.
Tal vez seas tan aguda como grave. No sé tan siquiera si eres una canción.

También hay un beso que me recuerda a ti.
De tus labios (esos labios...) que son dulces y salados. Amargos, ácidos, picantes, a veces hasta llego a diferenciar los sabores de tus barras de labios... o no, o de tus labios.
Si los muerdo y me muerdes, si los junto a los míos, si mi lengua se funde con ellos, sí, justo en ese momento... Sé que ese beso me recuerda a ti.
O besos en el cuello. O besos sin luz. O besos a pleno sol, pero a ti, sólo uno, que a la vez eran varios, o no... no sé si varios, o un beso tan largo, que lo resumimos en muchos besos.
Tantos besos, que fueron uno.

Lo que no hay, son libros que me recuerden a ti.
Ni uno sólo, qué curioso. Pensaba, tal vez, nada más verte "será poesía", pero no. "O tal vez, una novela de misterio", pero tampoco. ¿Qué escondes, letras tristes? 
No es falta de tinta, ni de pluma, ni de letras.
Eres musa, y poeta. Escribes donde sea, donde te dé la gana. Eres un verso infinito, o una prosa tan extensa, que en tu último libro, terminarás con la letra pequeña.
Y tan pequeña será esa letra, que pensaré, que tal vez sea una señal para darme cuenta, que nunca fuiste libro, pero había que leerte, y antes de terminarte, volver al primer capítulo.
Y escribir sobre ese verso, otro verso, con otro verso, así hasta el infinito.

Invisible.

Invisible, ¿dónde te metes? Te he estado echando de menos. La vida da muchas vueltas, y yo no me creí aquello de que si te ibas no ibas a volver. Que aún no me lo creo, ¿sabes? Yo siento que en cualquier momento vas a aparecer. Pero no por ahora.
Invisible, ¿qué has hecho todo este tiempo? Me dijeron que te vieron, andando perdida, y yo no me creí aquello de que te escondías tras los árboles. Que aún no me lo creo, ¿sabes? Tu sitio es la ciudad, siempre has odiado esos estúpidos sitios llenos de hadas.
Y yo, idiota, pensé que eras una de ellas. Porque no te veo, ¿sabes? Pero no, nunca has sido tan pequeña, sólo mi pequeña. Pero no vuelas por ahí. Mantienes los pies en el suelo, sí, las estrellas están muy arriba, en la tierra no hay ninguna.
Nos han mentido, invisible. Nos contaron cuentos, y nos los creímos. Creímos en las hadas, en los duendes, en la eternidad, en el cielo y en el infierno. 
Y lo creímos, hasta ese instante en el que te fuiste. ¿Qué pasó? Joder... dejamos de creer todo aquello. 
¿Y en qué creo ahora si no es en esos cuentos? Porque no puedo creerte, invisible, eres demasiado pequeña. Y perdida. 

martes, 2 de abril de 2013

Primer asalto.

Porque esta noche quiero escribirle a tu piel que me encanta; Con una caricia, grabarte a fuego.
No quiero límites. 
No quiero aire entre nosotros, no quiero voces, ni miradas, que el tacto hable, que tu pelo escriba y tus dedos no callen.
Que nos rompamos en mil pedazos y las sábanas nos curen. Olor de besos y miradas de amor, y espera, joder, ¿notas esa caricia? ¿notas tu pierna reptando por la mía? No sé a qué sabe, tal vez sea hora de dar paso a los mordiscos. No hay luz, porque no se puede ver. Ni hay sonido, porque no se puede escuchar. Hay algo, algo especial, algo que no soy yo, y que tan siquiera eres tú.
Es como una caricia eterna, ¿la notas? Que sí, es eso, de lo que quieras hacer, que te dice que haré lo que quieras, que seré quien tú quieras.
Respira. Te ahogas, lo noto. Es un escalofrío, pero ya se va.
Es una batalla entre tu pelo y mis dedos, nosotros somos diez. Vosotros ganáis en número, yo gano por mis ganas.
Y a primera hora de la mañana, en ese segundo interminable entre la última caricia y la primera mirada, recordaremos la batalla. Sin perdedores, tú, ganadora, yo, conformista, y mis dedos en tu espalda.

Un palacio de cristal con vistas a la luna.

Siempre has soñado con la Luna. No te conformabas con verla ahí arriba, ¿verdad? Tenía que ser tuya... 
Tan blanca, tan grande, tan llena... "Estrellas hay muchas, luna sólo es una", y por ello fijas tu mirada en ella. 
Extiende los brazos, intenta tocarla, venga, no estás tan lejos, estás más arriba que todos nosotros.
¿Cómo es estar en el cielo, entre las estrellas, junto a tu luna? Dímelo, te sienta genial, te veo mejor desde que estás a su lado.
Lo has conseguido, ahora es tuya.
Tal vez queme el sol. Tal vez te confundan con un astro. Tal vez no me oigas, porque el ruido de los aviones sobrevolando tan cerca te ocupen los oídos. Tal vez hayas descubierto algo nuevo ahí arriba, algo que te hace no querer bajar, aunque me eches de menos. Tal vez, y sólo digo que tal vez (Y espero que sea así) estés ahí arriba porque hay un motivo, algo que te retiene, que te encanta. Tal vez tu sitio sea un palacio de cristal con vistas a la luna. Tal vez me veas muy pequeñito desde ahí arriba. De mientras, aquí estaré. Mirando la luna, buscando tu palacio de cristal. 
Viéndote, sin verte, tan grande; Ahí arriba, en tu sitio. En tu luna.